Socializar el sufrimiento-motor para la movilización.

erreportai original osoa: http://www.diagonalperiodico.net/cuerpo/22482-no-esta-usted-deprimida-es-su-banco-la-engana.html

Llevaba la prescripción de su psiquiatra escrita en un papel: “Stop Desahucios. Asamblea de Vivienda de Lavapiés. 15M”. La mujer que llegó a esta asamblea demandando apoyo se había encontrado a todas luces con una terapeuta excepcional. Cuando le contó que se sentía deprimida porque la habían desahuciado de su casa y encima tenía que pagar la hipoteca, la psiquiatra le aclaró: “Mire, usted no está deprimida, es que su banco la engaña”, y le indicó dónde pedir otro tipo de ayuda.

Muchos problemas sociales están llegando a las consultas médicas en forma de úlceras, depresión, ansiedad y otros trastornos de sintomatología difusa…El primer dique de contención del malestar es la Atención Primaria. De allí sí se puede salir con un papelito que ponga Diazepam, Orfidal (ansiolíticos) o fluoxetina (Prozac, por su primer nombre comercial). Es lo que se conoce como la medicalización del sufrimiento. No es que la relación entre prescripción de psicofármacos y problemas sociales haya comenzado con la crisis. Según un estudio publicado en la Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría, en el año 2004 ya se estimaba que el 50% de las personas que acudían a Atención Primaria lo hacía como consecuencia de un factor psicosocial. La crisis no ha hecho sino empeorar esta situación.

Más crisis, más pastillas

“En Europa, de 2000 a 2010 el consumo de antidepresivos creció por encima del 80% de media, y en España el crecimiento ha sido superior al 120%”, apunta la psicóloga María Reneses, especializada en antropología médica. Y explica: “Aunque el aumento de la prescripción de psicofármacos es una tendencia global, el mayor incremento de éste en España está relacionado con la gestión que se está realizando de la crisis económica”. Esta investigadora también recuerda el sesgo de género a la hora de recetar estos medicamentos: con similar diagnóstico y número de consultas, las mujeres reciben más psicofármacos que los hombres.

No obstante, el psiquiatra y ensayista Guillermo Rendueles señala que, en la sanidad pública, las consultas al psiquiatra y al psicólogo por “patologías menores”, como la ansiedad y la depresión, han disminuido dado el riesgo de despido que supone la baja laboral.

Vergüenza y culpabilidad

A menudo, además, las situaciones de precariedad que pueden originar estos trastornos son vividas con vergüenza y culpabilidad, con sentimientos de inferioridad y de fracaso personal, como si fuera responsabilidad propia que te echen de tu casa, no conseguir un empleo o el trabajo deseado o tener que pensar demasiado en el dinero porque nunca cuadran las cuentas. En el caso de los desahucios esto se conoce como el estigma del deudor.

“Hay un juicio social a los deudores. Se ahonda en la idea de que se ha llegado a esa situación porque se ha vivido por encima de sus posibilidades. Cuando la persona está en situación de impago de su hipoteca se considera la única culpable y responsable y se invisibiliza la responsabilidad del Estado y otros agentes, como los bancos”, describe la médica de familia comunitaria Elena Ruiz en su estudio Desahuciar, desalojar, ejecutar. Cuando la política callejera se convierte en medicina.

 

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